Día 6 “Flojera generalizada”
Hoy no pienso en moverme de aquí, desperté a las 10:00, se van los vecinos, así que a pescar, por cierto sigo conservando la misma de las suertes. De vuelta a la choza y mas sueño, mucha flojera, de repente me despierta una voz, 14:00 hrs., - Permisoooo-, Manuel Carrasco deja en mi mesa un manjar, locos con mayonesa, papas y arroz, así que a devorarlos….y mas sueño, a leer y mas sueño, día de flojera total, último día. Despierto otra vez, ya sin luz, comida y sueño otra vez.
Día 7 “Cambio de casa”
A hacer las maletas, otro rumbo nos espera, todo listo y ruta hacia Copiapó, 14:00 hrs., ya en la ciudad en busca de un hotel, los precios me indican que esta ciudad que es un 70% minera, es más cara que otras. Consigo un hotel por $18.000, USD 36, con estacionamiento y desayuno, muy similar al de Coquimbo y cerca del centro, así que me instalo, un buen baño y parto a recorrer, la tarde era fría, camisa y chaleco, luego de asistir a una videoconferencia programada cuando salí de Santiago, buscó una buena cena, hay oferta variada y para todo tipo de bolsillos, pero termino en un bar.
En esta etapa del viaje he decidido enviar parte del equipaje a Santiago, ya que creo que no dormiré más en la carpa, no pescaré y varias cosas más empiezan a sobrar, menos peso.
Día 8 “El primer día de una gran travesía”
Desperté temprano, 09:00 hrs., desayuno que es hasta las 10:00 hrs., así que a bañarse y desayunar, este hotel que encontré, “El Sol”, tiene más pinta de Hostal que de Hotel, el desayuno es autoservicio, hay jugos, leches, variedad en te y café, huevos, dulces, pan en variedad, etc., y repetición las veces que quieras, muy bueno. Luego, a enviar el equipaje que no usaré, lo envié por Tur Bus, que es mucho más barato que Chileexpress, de ahí a pagar la cuenta del celular y a comprar dólares, no encontré jamás una casa de cambio, pensé que era algo más común. Así, antes de que se hiciera más tarde partí a empacar. Ya era tarde y algo me hacia pensar y repensar el próximo destino que era la frontera hacia Argentina, Fiambalá, para ser exactos, a pesar de esto partí. Sabía que debía llevar un bidón con bencina por que el trayecto entre la última estación de servicio (ES) y la próxima superaba la autonomía de mi falconcita, entonces pensé en comprarlo en la última ES donde llenaría el estanque, al salir de Copiapó al oriente no me percaté del desvío y fui a dar a Tierra Amarilla, cuando ya me pareció raro el camino, consulto el mapa y si!!!, me pase como 30 kilómetros, todo mal, se me hacia más tarde, de vueltas veo el desvío y lo tomo, un aviso gigante nos indica que estamos frente a la última ES, estaba en Paipote, a la entrada al camino internacional muchos gitanos en sus carpas llaman la atención. Me acerque al vendedor de la ES y le dije que necesitaba llenar el estanque y un bidón para reserva, me dice que no tiene, pero que consulte en frente. Al cruzar consulto en un local de reparación de ruedas (vulcanización, gomería) y NO!!!, consulto al lado en un puesto de comidas y NO!!!, en otro local de repuestos y NO!!!, efectivamente entre medio de estos había un terreno lleno hasta el techo de bidones usados, pero estaba cerrado y mis gritos se perdían en el desierto. Ante tanta negativa y con la idea fija de que debía llevar reserva, decidí volver a Copiapó y comprar en una ES Copec el bidón, y así lo hice, con la mala suerte de que solo pude comprarlo y no llenarlo ahí porque se encontraba un camión de abastecimiento descargando. Volví a Paipote, al lado de los gitanos y llené el estanque y el bidón, por fin comenzaba el viaje de ese día.
Las nubes en el horizonte estaban bastante oscuras, pero lo consideré normal, un camino no pavimentado pero estabilizado con la ayuda de alguna maquina y algún material me internaba en el desierto con la única compañía de los camiones mineros que bajaban, alguna camioneta también minera, el viento que era cada vez mas intenso y los carteles que cada cierta distancia me indicaban la presencia de actividades mineras en los interiores de aquel desierto. Muchos kilómetros de soledad y un viento que a veces me acompañaba y las mas de las veces me tiraba de un lado a otro como queriendo persuadirme de que aún es tiempo de devolverme. De pronto ante mi una cuesta, subida en zigzag y a la bajada un pequeño valle con algo increíble, vegetación, caballos, y una casa de piedra que denotaba la presencia de alguien que no se si por destino u opción propia vivía en esa soledad, mas viento y una velocidad promedio de 100 kms/hr. Me seguían adentrando a la cordillera. Segunda cuesta, “Codocedo”, la llaman, ya más empinada con un zigzag mas pronunciado y con restos de nieve en sus costados nos recibían para indicarnos lo fría que podía llegar a ser la temperatura en estos parajes. La altura no ayuda a mi moto y la ahoga, obligándola a consumir más combustible y andar más lento y a tirones, 80 kms/hr., de pronto nuevamente pequeños valles con algo de vegetación. Tras todo esto y de unas dos horas y media veo el control fronterizo Complejo San Francisco, frente al salar de Maricunga, en medio del salar un cerrito que según el ángulo de visión parece una pirámide. Me estaciono en el control y comienzo a recorrer sus dependencias, Detectives….Holaaaaa…,nadie!!!, Aduanas….Holaaaaaa….,nadie!!!, SAG (Servicio Agrícola y Ganadero)….Holaaaaaaa….., nadie!!!, Carabineros….Holaaaaa….., nadie!!!, ya me comenzaba a sentir como en “Silent Hill”, entonces me dirijo a las cabañas aledañas, en especial a la que esta junto al radio patrullas de carabineros, Holaaaaaa….toc, toc, toc (puerta) y aparece el Cabo 1º Cristian Tamayo,
- Hola, quiero pasar el control, me dirijo hacia Argentina, a Fiambalá-. Su cara ya me anunciaba una respuesta que yo no quería escuchar.
- Sr., no puedo darle el paso, ya que por las nubes que se ven en la montaña, el viento y las plumillas de nieve que ya caen, es muy probable que se ponga a nevar en las próximas horas y si lo dejo pasar es muy probable que no llegue y quede botado solo en la cordillera, además su vehículo es muy ligero y si el viento no lo boto por el camino hasta acá, es probable que si lo haga en la montaña donde se alcanzan los 4.800 m.s.n.m.
Era verdad, en los últimos 30 kilómetros, el viento prácticamente me hizo manejar de lado y cuando cambiaba dirección me movía de un lado a otro….
- Qué me recomienda?
- Qué no suba!
- Y me puedo quedar a esperar que mejore, yo traigo saco de dormir, si usted me deja dormir en el complejo, donde no encontré a nadie, yo podría esperar.
- No hay problema, guarde su moto adentro del complejo y lo dejo dormir en una sala calefaccionada, de día puede estar aquí con nosotros.
Nosotros, eran él y don Bernardo, un personaje de Vialidad, y así lo hice, acomode la moto y volví a la cabaña. Un living comedor, cocina americana, dos habitaciones, una con dos camas, la otra con una pero que también hace de bodega, baño, televisión y teléfono satelital, luz, agua y gas, sistemas de comunicación por radio, a la entrada un termómetro redondo pegado más arriba de la puerta nos indicaba como bajaba la temperatura, 5º grados a mi llegada, que fue recibida con un buen café y unos panes, eran las 15:00 hrs., y ese era mi almuerzo. Tamayo fue muy amable, así que cada vez que había que hacer lago casero yo ayudaba, no quería sentirme un estorbo. No quise decirle que mi hambre daba para más que eso, no era su culpa, pero creo que si se lo hubiese dicho, seguro me prepara algo para comer. Desde esa cabaña mantenía comunicación con todos, con el lado argentino, con Copiapó, con un sector llamado La Ola, que era una salida hacia El Salvador, en Chile, y con una mina de Oro y Plata llamada La Coipa. Al guardar la moto observe una mancha de aceite que no se de donde viene, mas tarde la veré, no se ve grave.
La tarde se pasó viendo TV, “El último de los mohicanos” y junto a eso no tardó en llegar la nieve y la Tº bajó fácilmente a los 0º grados.
De pronto llegó más gente, una pareja formada por un argentino y una chilena con dos niños, una pareja de 5 y 8 años aproximadamente, que pretendían al igual que yo pasar a Argentina. La niña, que era la mayor, venía afectada por la puna de la altura, 3.800 m.s.n.m., y Tamayo la atendió con oxigeno. El los atendió bien, al igual que a mi, no les dió el paso, a pesar de ir en un vehículo. La llegada de ellos produjo que el lugar donde yo dormiría fuera destinado para ellos y yo ocuparía una de las camas de la cabaña, eso fue bueno para mí. Cayó la noche junto a la temperatura, -5º, la familia se fue a dormir al complejo en una de las oficinas calefaccionadas, donde colocaron un colchón. A la cabaña llegó el Dominó y con eso llego el detective Patricio Salvo, don Bernardo, que iba y venía durante todo el día desde su cabaña, don Carlos Rubio de Aduanas, todo acompañado de vino y pisco, para el frío por supuesto….jajajaja. Después de un buen juego entre ellos, yo viendo televisión y unos minutos pasada la media noche, todos a dormir, -15º grados marcaba el termómetro y se declaraba oficialmente cerrado el paso fronterizo San Francisco, la nieve ya alcanzaba un metro fuera de la cabaña y el viento blanco era terrible, atrapado sin salida.
Lamento contarles que en esta etapa no tengo fotos ya que se me estropeo el celular y la camara, plop, NO FOTO, NO VIAJE.
Balcanes: Croacia, Bosnia, Serbia y Bulgaria
Hace 7 años


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