viernes, 26 de diciembre de 2008


De niño cada vez que rezaba juntaba mis manos intentando que el espacio que quedaba entre mis palmas estuviera sellado, es decir, que no entrara ni saliera aire por ningún orificio. Esto me daba la idea de que todos mis deseos se iban juntando entre mis manos y mis dedos los dirigian al cielo.




Eso lo practico hasta el dia de hoy, sin embargo, por los distintos acontecimientos de mi vida creo que las utlimas veces no he apretado lo suficiente mis palmas y he dejado arrancar mis deseos sin que estos llegasen a destino y en consecuencia, sin estos cumplirse, lo malo es que nunca se cual fue el deseo que no se guardo hasta que veo que no se ha cumplido o ha sucedido lo contraio a lo que yo pedi.

Me gustaria saber cuanto de lo que uno pide influye en lo que realmente sucede, me refiero a acontecimientos y no a cosas materiales.

Mientras, seguiré apretando fuerte mis manos e intentando que nada se escape de ellas.

MTA